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El docente debe replantear sus anteriores formas de trabajo, asumiendo nuevas funciones como motivador de aprendizajes, así como servir de guía y modelo para sus alumnos y la sociedad, siendo su función principal de formador de las generaciones.

Una vez que el profesor ha determinado los objetivos que se propone lograr, tomando en cuenta las características y necesidades del estudiante y de la sociedad, debe proceder a seleccionar los métodos para poner en práctica la enseñanza y las condiciones de aprendizaje.

De esta manera, en primer lugar debe crear un ambiente de confianza y alegría, porque si el alumno se siente amenazado, coaccionado, menospreciado o no tomado en cuenta por su profesor; no pondrá interés en lo que éste le proponga hacer, aún cuando la actividad pueda parecer maravillosa. La confianza entre el docente y los alumnos, así como un clima de familiaridad y acogida entre los mismos alumnos, es requisito indispensable para el éxito de cualquier actividad de aprendizaje.

Un método de enseñanza exitoso debe incluir algo más que una buena presentación de material. Debe lograr el aprendizaje en cantidad y calidad que el profesor busca producir una alta motivación del estudiante para participar y comprometerse en el proceso de su propia educación y sentirse una seguridad que él conduzca al éxito. Además el profesor no sólo debe estar apegado a un solo método de enseñanza, sino por el contrario debe saber combinar varios métodos didácticos.

Por último el profesor tiene que estimular a los estudiantes a pensar "con su propia cabeza" a resolver por si mismos sus dificultades, a construir sus propias hipótesis a hacer sus propias deducciones y a arriesgar una respuesta, aunque se equivoquen. Einstein decía: "es preferible ser optimista y equivocarse antes que ser pesimista y no equivocarse".

En la actualidad se han de privilegiar los modelos de aprendizaje mediado, y las funciones del profesor se reestructuraran generando nuevos modelos de metodología didáctica donde el profesor actúa como mediador del aprendizaje, mediador de la cultura social y arquitecto del conocimiento.

El concepto de mediador y de aprendizaje mediado tiene su origen en Vygotsky (1934) y más en concreto en el concepto de Zona de Desarrollo Potencial, que indica las posibilidades de aprendizaje de un estudiante con la ayuda de los docentes.

Este proceso de mediación afecta a la estructura cognitiva del estudiante, que adquiere patrones de comportamiento y reglas de aprendizaje, los cuales se hacen ingredientes importantes de su capacidad para llegar ha ser modificado a través de la exposición directa de los estímulos.

La experiencia de aprendizaje a través de un mediador introduce en el organismo una gran variedad de orientaciones y estrategias, que cristalizan en formas de conductas y hábitos, constituyendo los prerrequisitos para el funcionamiento cognoscitivo apropiado.

El acto didáctico clásico incluye estos tres elementos: el profesor, la asignatura o el programa y el alumno. El profesor suele ser entendido como emisor que imparte la enseñanza por medio de la lección. La asignatura o disciplina es el mensaje cuyo código ha de ser descifrado por el profesor. El alumno es el receptor y el aprendiz, que asimila el mensaje y los códigos del mismo tras la explicarían del profesor y por ello aprende. En este aspecto el profesor, en sentido amplio, es un mediador entre la estructura conceptual de la disciplina y el alumno que aprende.

En la actualidad la manera de entender esta mediación es muy diferente. El profesor no es un simple explicador de lecciones sino un "mediador del aprendizaje", en sentido estricto. El profesor se convierte de hecho en un "ayudador y un experimentador con el estudiante y su aprendizaje". Solo interviene cuando es necesario, ya que el principio básico de esta mediación es que "el alumno es el constructor de su propio aprendizaje". El alumno se convierte de este modo en investigador en el aula y fuera de ella, para construir y elaborar sus propios aprendizajes. Y estos incluyen conceptos y principios, procedimientos, destrezas y estrategias... En este contexto debe ser valorado no solo el Contenido del aprendizaje sino también el propio proceso del mismo. El profesor deja de ser un mero explicador para convertirse en "un constructor del aprendizaje del alumno junto a él": lo que el alumno puede aprender solo, no ha de ser explicado. Únicamente actúa cuando es necesario y como apoyo.

El profesor como mediador del aprendizaje elige y selecciona los contenidos (formas de saber) y los métodos (formas de hacer) más adecuados para tratar de desarrollar las capacidades previstas, debe saber administrar sus silencios y callar "a tiempo y a destiempo". Este tipo de procesos mentales supone una intensa actividad por parte del aprendiz, pero las tareas deben estar muy bien seleccionadas y definidas. El profesor debe definir la acción mental y orientarla, pero no interrumpirla o diluirla, pues no se interioriza ni se desarrolla.

Por ello afirmamos que profesores e instituciones son mediadores de la cultura social y de la cultura institucional. Esta mediación pasa, primero, por una adecuada identificación de capacidades y de valores, para posteriormente tratar de desarrollarlos. Para ello se dispone, entre otras cosas, del Curriculum, que en la práctica, si se estructura adecuadamente, constituye un "programa de intervención para el desarrollo de procesos cognitivos y afectivos" a largo plazo.

Este planteamiento de profesor como mediador de la cultura social e institucional debe situarse en el marco de las organizaciones que aprenden y son creadoras de su propio conocimiento.

El profesor como arquitecto del conocimiento utiliza técnicas de aprendizaje próximas a la geografía del conocimiento, a la ingeniería del conocimiento, a la arquitectura del conocimiento. O de otro modo, utiliza técnicas de enseñanza basadas en los procesos cíclicos de aprendizaje científico (inductivo-deductivo), constructivo (el alumno es el principal constructor de su aprendizaje y este debe ser constructivo y reconstructivo) y significativo (supraordenado, subordinado y coordinado).

El profesor como arquitecto del conocimiento debe generar secuencias inductivas, partiendo de la experiencia de los aprendices, o deductivas, al partir de los conceptos para tratar de llegar a los hechos y explicarlos. O lo que es mejor, aplicar en las aulas, al menos de una manera aproximada, la metodología científica: inductivo-deductiva.

Pero también el profesor como arquitecto del conocimiento maneja técnicas arquitectónicas, que se apoyan en la representación mental y en la propia imaginación, tales como los modelos conceptuales, redes conceptuales, esquemas conceptuales, mapas conceptúales, marcos conceptuales... Ello facilita la comprensión de lo aprendido y sobre todo su almacenaje en la memoria a largo plazo.

Las nuevas funciones del profesor suponen un fuerte reto profesional y una auténtica reconversión mental que solo puede darse de manera progresiva, "sin prisas pero sin pausas". El viejo modelo de profesor está agotado. En la sociedad de la globalización y del conocimiento, emergen nuevos modelos de acción e intervención educativa, en el marco de las organizaciones que aprenden y de los profesionales también (si quieren) .Para ello es necesario tener algunas dudas (no demasiadas). Las dudas razonables facilitan el cambio profesional, las dudas excesivas neurotizan.

Se ha llegado a discutir muchas veces entre los más encumbrados pedagogos, y se seguirá discutiendo, si enseñar es un arte o una ciencia. Asunto difícil, diremos, de establecer de forma categórica, porque en ella uno utiliza todos los conocimientos que la "Ciencia de la Educación" nos provee, pero también, utilizamos los conocimientos que nos da la vida, que al fin de cuentas, resulta ser la más grande de todos las ciencias.

Sin embargo, es indudable que enseñar es un arte, que utiliza, como todas las artes, conocimientos científicos cristalizados en leyes. En este sentido, podemos reflexionar sobre nuestra práctica profesional: ¿Alguna vez, en nuestra práctica profesional, vivimos experiencias idénticas?

De manera, que enseñar es un arte "sui generis". Es distinto de todos los demás, Es un arte, porque presupone permanente creación. Enseñar sin espíritu creador conduce inexorablemente al fracaso. Y, es permanente creación porque los hechos educativos no se repiten, al igual que para todos los docentes cada año lectivo es una nueva experiencia, porque nunca es idéntico al anterior. Porque cambian los factores que intervienen en el hecho educativo, por lo tanto, jamás se puede repetir la misma experiencia educativa. Por ello, la habilidad del docente está en percibir la realidad educativa áulica tal cual se presenta, del mismo modo la institucional, la del medio sociocultural. Es decir: captar con la mayor justeza cada uno de los factores que intervienen, de modo directo o indirecto, en su verdadero valor, sin equivocar ninguno de los coeficientes intervinientes, que con distinta importancia escalonan las formas principales y las formas secundarias del hecho educativo.

Captada la realidad educativa en su totalidad, analizada con criterio educativo, y comprendida con espíritu objetivo y real, le permitirá al docente penetrarla para operar en ella con eficiencia y eficacia. La formación docente debe responder a la doble finalidad de conocer, analizar y comprender la realidad educativa en sus múltiples determinaciones: abarcar en los máximos niveles de profundidad posibles, las dimensiones de la persona, y elaborar un rol docente que constituya una alternativa de intervención en dicha realidad mediante el diseño, puesta en práctica, evaluación y reelaboración de estrategias adecuadas para la enseñanza de contenidos a sujetos específicos en contextos determinados.

La tarea de enseñar, naturalmente, se produce en la personalidad del docente. Es algo tan extraordinario, que sólo la pueden paladear los que ejercen la docencia. Analógicamente, como lo que sucede con los organismos fisiológicos, que ingiriendo sustancias distintas, pueden producir reacciones y efectos similares; cada alumno es una persona idéntica a sí misma, indivisible, única, inmanente y trascendente al mismo tiempo, con un bagaje cultural particular que lo hace irrepetible en el tiempo y en el espacio, por lo tanto, distinto a los demás pero, cuando el docente acompaña a todos y cada uno de sus alumnos en el proceso de apropiación y construcción de saberes posibilita que, sus alumnos alcancen un aprendizaje similar con resultados similares. Esto es maravilloso; enseñar para que cada alumno día a día construya su propio saber, que fortalecerá su proceso de personalización con una dinámica constante de descubrimiento, conquista y posesión de sí mismo.

Enseñar es un arte simple y todo de ejecución. Simple para el que posee las cualidades y calidades para ejercer la docencia y difícil para el que no las posee, pero que puede adquirir realmente. Es un arte todo de ejecución porque se basa en la práctica, entendiendo a la práctica en el marco de la formación docente continua, es decir: "la formación docente, además de las habilidades, actitudes y destrezas deberá dotar al sujeto de múltiples saberes. Estos saberes deberán permitirle a los docentes: conocer, analizar y comprender la realidad educativa en sus múltiples determinaciones, comprender en los distintos niveles de profundidad posibles, las complejas dimensiones de la persona para el desarrollo de la formación integral del alumno, asumir en la construcción un rol docente que actúe en dicha realidad mediante el diseño, puesta en práctica, evaluación y reelaboración de estrategias adecuadas para el desarrollo integral de la personalidad a través de la promoción del aprendizaje de saberes, habilidades y actitudes, de educandos específicos en contextos determinados.

Enseñar, es mucho más que manejar algunos secretos de la enseñanza aportados por la ciencia y la técnica, porque hay un secreto superior, que estos campos del saber no pueden aportar, sólo se puede llegar a través de la intuición, que le permite al docente captar las pequeñas cosas que para el científico o el técnico pasan desapercibidas. Estas pequeñas cosas del hecho educativo inmerso en un contexto sociocultural, mueven la capacidad de crear. Algunos docentes la poseen desde el vientre materno, otros la adquieren, pero la alcanzan en distinta medida.

Uno de los grandes errores de los hombres dedicados a la docencia es considerar, que enseñar es sólo una cuestión de técnicas pedagógicas, adquiridas memorística y mecánicamente y aplicadas esquemáticamente. Grave error, porque el docente debe comprender críticamente la realidad del aula, la realidad institucional, la realidad sociocultural-contextual, que es la que le da sentido a la existencia institucional y, finalmente, la realidad sociocultural global que explica la realidad sociocultural-contextual.

En consecuencia, a la docencia no se la puede mirar en pequeño, porque es una actividad integral. Todo, necesariamente, está comprendido por la educación.

Frente a las situaciones educativas, el docente es un constructor de éxitos. El éxito se traduce en el logro de los objetivos propuestos en el proyecto educativo áulico. No depende de la suerte, tampoco de la casualidad y no es designio del destino. El éxito se construye, se realiza. Es decir: que el éxito en la enseñanza se concibe, se prepara se organiza, se realiza y, finalmente, se lo explota. Porque el éxito en los docentes está en los mismos docentes, está en su propia práctica.

En síntesis, lo primero que se necesita es contar con un criterio amplio y descartar los sistemas, rutina y las recetas. Es decir; que en la actividad docente no se puede copiar, es necesario crear, porque el arte es creación. Aunque parezca una verdad de Perogrullo, no está de más mencionarlo; una de las cosas más importante para el docente, es que tenga presente que quién debe conducir los acontecimientos es él. Jamás debe dejarse conducir por los acontecimientos. Esta es una de las cosas fundamentales del docente. "Que sea conductor". Que él conduzca los acontecimientos, como primera cuestión y como segunda, es que debe saber siempre lo que quiere, debe conocer siempre el objetivo que se propone alcanzar, es decir: el "proyecto de vida áulica" que pretende realizar, por ello, es muy importante que el docente encarne ese proyecto.

Hay cosas que el docente no debe olvidar jamás, ya que el olvido de ellas le acarreará una serie de inconvenientes y factores desagradables que se sumarán a los factores negativos que los hechos le van a presentar y, que a medida que él los vaya expresando en la práctica, se irán multiplicando geométricamente hasta que el cúmulo de errores y factores desagradables anulen toda posibilidad de enseñar.

De lo dicho se desprenden dos condiciones fundamentales del docente: su humildad para reconocer sus propias limitaciones y su desprendimiento para no verse tentado a trabajar para sí. Éstas condiciones que parecen no tener mayor importancia, la tienen y en un grado extraordinario. Es consecuencia necesaria sostener, que para ser humilde y desprendido se necesita poseer espíritu de sacrificio. El docente en ésta concepción de la enseñanza es un mediador entre la interioridad del educando y los nuevos conocimientos, ello implica, que en muchas ocasiones el docente apele al sacrificio personal para lograr el crecimiento de sus alumnos.

Hemos dicho la gran importancia que tienen los valores morales en el arte de enseñar, pero además de esta apreciación, el docente es portador de vida, y vida en abundancia. Mientras menos contenidos conceptuales, procedimentales y actitudinales se posean, menos calidad de vida tiene la persona. Por lo tanto, el docente debe manejar la teoría con la mayor profundidad de la que es capaz. Debe poseer además una técnica actualizada. Su actualización debe ser permanente, ya que también en esta materia el que no se actualiza, se queda atrás. Es verdad que hay aspectos que perduran en el tiempo; aquellos que hacen referencia a las esencias, que hacen que las cosas sean lo que son y no otra cosa. Pero también es cierto, que existen otros aspectos que evolucionan constantemente. Estos aspectos son los llamados "accidentes", que son al fin de cuentas, el objeto propio de la educación y de la enseñanza, porque son susceptibles de perfección.

En conclusión, el aspecto intelectual se reduce a saber realizar el éxito educativo, y para ello, es necesario saber concebirlo, prepararlo, organizarlo, ejecutarlo y explotarlo.

Instituciones educativas

Las instituciones educativas deben reinventarse para ser útiles a la ciudadanía del siglo XXI, deben cambiar  sus enfoques, metodologías y recursos de enseñanza de forma que potencien y faciliten que los estudiantes sean protagonistas del aprendizaje.

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Empresas

Mejorar las condiciones de aprendizaje y estimular de manera dinámica, creativa y agradable la inteligencia es el recurso del siglo XXI.
Las empresas no crecen si las personas no evolucionan.

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Gobierno

La evolución de nuestro país irá al ritmo de la educación, pero la calidad de un sistema educativo nunca será superior a la calidad de los maestros.  Es posible re orientar nuestro enfoque  y mantener la esperanza de tener calidad educativa en nuestro México. 

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